Tenencia de drogas no siempre significa comercialización: un caso en el que logramos la excarcelación

En las causas por estupefacientes hay una diferencia que puede cambiar por completo la situación de una persona: tener droga no es lo mismo que tener droga para venderla.
Parece una distinción evidente, pero en la práctica no siempre lo es.
Hace un tiempo asumimos la defensa de una mujer que había quedado detenida en una causa por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización. No voy a dar su nombre ni ningún otro dato que permita identificarla. Sí quiero contar el caso porque refleja una situación que vemos con frecuencia en el ejercicio de la defensa penal: una acusación inicial puede ser mucho más grave de lo que finalmente permite sostener la prueba.
Una acusación que podía tener consecuencias muy serias
Cuando llegamos al caso, el escenario era complejo.
Nuestra clienta estaba acusada, junto con otra persona, de tener cocaína destinada a la venta al menudeo. Durante el procedimiento se habían secuestrado más de cuarenta envoltorios de cocaína y dinero en efectivo.
A partir de esos elementos, la causa había sido encuadrada como tenencia de estupefacientes con fines de comercialización.
Y la Fiscalía había dado un paso todavía más importante: había solicitado su prisión preventiva.
Es decir, pretendía que continuara detenida mientras avanzaba el proceso.
Frente a una situación así, la primera reacción puede ser pensar que la cantidad de envoltorios o la forma en que estaba fraccionada la sustancia resuelven por sí mismas la discusión.
No es así.
Encontrar droga es una cosa. Probar que estaba destinada a la venta es otra
Cuando estudiamos el expediente completo, encontramos el punto sobre el que, a nuestro criterio, debía concentrarse la defensa.
La existencia de estupefacientes podía estar acreditada. Lo que no estaba suficientemente probado era que esa droga estuviera destinada a ser comercializada.
Y esa diferencia jurídica era central.
Para sostener una imputación por comercialización no alcanza con presumir una finalidad de venta. Hay que analizar el conjunto de la prueba y determinar si existen elementos objetivos que permitan respaldar esa hipótesis.
En este caso había varios datos que debilitaban seriamente la acusación.
No se habían observado maniobras compatibles con la venta de droga.
No existía un comprador previo identificado durante la investigación.
El análisis de las comunicaciones de los teléfonos celulares secuestrados había dado resultado negativo.
Tampoco surgían de esos dispositivos conversaciones que permitieran respaldar la hipótesis de comercialización.
A eso se sumaban contradicciones en el propio procedimiento policial, que fueron señaladas por la defensa.
Cuando uno pone todos esos elementos sobre la mesa, la lectura del caso cambia.
El problema de dar por probada la comercialización
En una causa penal, una cosa es una sospecha y otra muy distinta es una afirmación que pueda sostenerse con prueba.
Que una sustancia esté dividida en varios envoltorios puede ser un indicio. La existencia de dinero también puede serlo.
Pero los indicios deben analizarse en contexto.
No deberían transformarse automáticamente en la conclusión de que una persona vendía estupefacientes si el resto de la investigación no permite demostrarlo.
Ese fue uno de los ejes de nuestra presentación.
Planteamos que la prueba reunida no permitía sostener, con el grado de certeza que requería esa instancia del proceso, la finalidad de comercialización que se atribuía a nuestra clienta.
Y que, en esas condiciones, tampoco correspondía mantenerla privada de su libertad.
La Justicia rechazó la prisión preventiva
El juzgado compartió ese análisis.
Al resolver la situación procesal, consideró insuficientes los elementos reunidos para afirmar la finalidad de comercialización.
Entre otras cuestiones, la resolución tuvo en cuenta la ausencia de maniobras compatibles con el comercio de estupefacientes, la inexistencia de diligencias vinculadas con un comprador previo y el resultado negativo del análisis de las comunicaciones.
La prisión preventiva solicitada por la Fiscalía fue denegada.
Finalmente, el tribunal dispuso la excarcelación de nuestra clienta y pudo recuperar su libertad.
Para ella, naturalmente, no se trató de una discusión teórica sobre una figura penal.
Significó dejar de estar detenida.
En una causa por drogas, la cantidad no decide todo
Quise contar este caso porque existe una idea bastante extendida según la cual determinada cantidad de droga, o el hecho de encontrarla fraccionada, significa automáticamente que existía intención de venderla.
Las causas penales no deberían resolverse de esa manera.
En una investigación por estupefacientes hay que mirar mucho más.
¿Cómo se inició el procedimiento? ¿Existían tareas de investigación previas? ¿Se observaron operaciones de venta? ¿Había compradores? ¿Qué surgió de los celulares? ¿Había conversaciones, movimientos de dinero u otros elementos compatibles con una actividad comercial? ¿El procedimiento policial fue realizado correctamente? ¿Hay contradicciones entre las declaraciones de quienes participaron?
Y, sobre todo: ¿qué puede probar realmente la acusación?
Cada una de esas preguntas puede modificar la situación procesal de una persona.
La defensa empieza por leer el expediente sin aceptar automáticamente la hipótesis de la acusación
Una de las tareas más importantes de un abogado defensor es no dar por cierta una calificación jurídica simplemente porque aparece escrita en una imputación.
Hay que volver a los hechos y a la prueba.
En este caso, nuestra clienta había llegado al expediente acusada de tener estupefacientes destinados a la comercialización y enfrentaba un pedido para permanecer detenida.
El análisis de la investigación permitió demostrar que faltaban elementos fundamentales para sostener esa hipótesis.
La consecuencia fue concreta: la prisión preventiva fue rechazada y recuperó la libertad.
Cada causa es distinta y ninguna resolución garantiza el resultado de otra. Pero este caso deja una enseñanza que considero importante para cualquier persona que esté atravesando una investigación de este tipo:
en una causa por estupefacientes, no alcanza con saber qué encontraron. Hay que analizar qué puede probarse a partir de lo que encontraron.
Y esa diferencia puede cambiar por completo una causa penal.